Carta a SC
Hola, amigo. La verdad es que llevo meses posponiendo este texto, porque condensar en unas pocas palabras lo que eres para mí es una tarea, sencillamente, destinada al fracaso. ¿Cómo voy a dar forma a tanto bien? ¿Cómo hablar de tu amistad sin amontonar elogios hasta que pierdan sentido? Solo puedo intentar dejar aquí algunas ideas deslavazadas que me brotan al pensarte. Recuerdo perfectamente aquella conversación sobre la vocación y la vida religiosa. Te pregunté si te habías planteado ordenarte jesuita, si te atraía ese camino y si creías que el Señor te llamaba al servicio desde ahí. Tu respuesta me desarmó: “Ya lo he descartado, sería demasiado fácil.” Pensabas que, desde la ordenación, te resultaría más sencillo vivir en Dios, y tú querías el reto: ser santo desde el mundo, desde tu realidad concreta. Eso, por supuesto, ha incluido no pocas perrerías… No es que te dejaras arrastrar: has sido partícipe activo o, directamente, artista principal. Desde el asalto a la cámara refriger...